Por un envejecimiento activo

El envejecimiento viene acompañado con atributos de deterioro, soledad, inutilidad, dependencia, demencia... Pero si en vez de hablar de envejecimiento hablamos del aumento de esperanza de vida, gracias a la ciencia, cambia el concepto de vejez, porque hay una previsión de que los niños que nacen ahora vivirán más años; ser centenario dejará de ser excepcional.

Pero la pregunta es si la esperanza de vida vendrá acompañada de más salud. La respuesta no es tan esperanzadora, porque si no se da un cambio acelerado de atenciones centradas en el bienestar, y el problema resida en que venga acompañada de enfermedades que socavan  el disfrute de alargar la vida.  Entonces hay que darle la razón al escritor y filósofo francés  Pascal Bruckner cuando dice: “Lo que la ciencia y la tecnología han prolongado no es la vida sino la vejez”.

El envejecimiento, además de ser un fenómeno biológico, hay que admitir que depende de nuestra actitud ante la vida y, por lo tanto es también subjetivo. Cada cual vive como puede y le permite las circunstancias económicas y de salud. No hay edad definida para empezar a ser viejo, sino a ‘sentirse viejo’ cuando se da un cúmulo de atributos negativos que se padecen, ya mencionados: deterioro, abandono, soledad...

Razones para acogerse al ‘envejecimiento activo’, que la sociedad nos ofrece, de dedicar nuestro tiempo al descanso, al ocio, a los viajes; realizar nuestras expectativas con actividades sociales, deportivas y culturales... Pero  ante todo lo importante es que  se atienda la salud; las necesidades de dependencias; las depresiones; así como la soledad y la  fatiga de vivir. Porque, por el contrario, esa concepción que nos ofrece de que la jubilación es un tiempo nuevo de esperanza y libertad se desvanece, y se convierte en una falacia.

Este argumento expuesto es el que  hace la escritora y filosofa Victoria Camp sobre la vejez, tema al que recurro por su importancia en la sociedad. Pienso que la realidad no es tan pesimista como Bruckner  plantea. Pero ni tampoco hay que acoger con tanto optimismo el avance de la ciencia que alarga la vida. Hay que mantener un equilibrio entre envejecimiento y bienestar en la salud para que la esperanza de vida sea  una realidad.

En la antigüedad los escritores y filósofos como Cicerón, Séneca y Marco Aurelio hablaban de la importancia que tiene nuestra actitud para desdramatizar el envejecimiento. Cicerón decía: “Ni la edad, ni las canas, ni las arrugas pueden quitarnos el prestigio ganado, y que recoge la última etapa de la vida; esa etapa de la que gozamos de la serenidad y de la sabiduría adquirida. Y Séneca y Marco Aurelio argumentaban: hay que aceptar  con buen ánimo lo que viene y es inevitable, pues sólo así el ser humano es dueño y señor de su vida. Ejemplo de esta actitud es lo que dice Seneca en su obra Cartas a Lucio: “Considera cada día como una vida completa; como si fueras a morir hoy”.

Para concluir: Porque “somos el pasado vivido; vivimos el  presente  siendo; y queriendo ser abrimos las puertas esperanzadoras del futuro”. Trabajemos por una sociedad de bienestar y salud en la  que la serenidad y la sabiduría de los mayores se les reconozcan.  Formar una juventud alentadora que prepare su futuro.