Metástasis de la vivienda en España
Unas de las mayores preocupaciones que afectan a los españoles es el acceso a la vivienda. Pero solucionar hoy con acierto la falta de vivienda requiere emprender el camino contrario al recorrido por nuestros políticos hasta la actualidad. Expertos y catedráticos en la vivienda afirman que el principal problema de las medidas legislativas adoptadas en España es que la mayoría estaban fundamentadas en condicionantes ideológicos y no en un estudio profundo de las causas del problema habitacional. Ello nos lleva a que, casi veinte años después de la gran crisis financiera de 2007-2008, estemos aún peor que en aquellos dramáticos momentos. La foto actual sobre la vivienda en España es consecuencia de unas políticas erráticas, incoherentes y equivocadas, porque el Estado legisló en sucesivas ocasiones sin consultar con las Comunidades Autónomas y los Municipios, y porque también Europa, desde diciembre de 2025, piensa intervenir en la materia, e intervendrá no aportando nada nuevo, y en consecuencia, complicará aún más la ya desquiciante situación. Según he leído, las dos últimas leyes sobre vivienda aprobadas en España, leyes de Rajoy y de Pedro Sánchez, han conseguido que las familias de clase media hacia abajo no puedan comprarse una casa porque no pueden acceder a la financiación necesaria para ello, y es que el pánico financiero derivado de la crisis de 2007 hizo que aparecieran excesivas restricciones para el acceso al crédito, que han abocado a muchas familias al mercado del alquiler. Y el alquiler siempre ha sido en España más precario, escaso y caro que el de la compraventa, imposibilitando además que la gente genere una hucha inmobiliaria con la que poder afrontar nuevas compras o mejorar su vivienda en el futuro. Es evidente que el dinero invertido en alquiler se va para los inquilinos “al cubo de la basura”, mientras que el de la hipoteca redunda en un ahorro inmobiliario. Los países que apostaron por el mercado del alquiler y no por la propiedad concentran la vivienda en menos manos, de gente más rica y en fondos de inversión, y dichas sociedades (en especial las nórdicas) padecen un sobreendeudamiento familiar que casi triplica el de Italia, Malta, Portugal o España. Concluyendo : repartir la propiedad privada lo máximo posible entre las familias, que es lo contrario de lo que se ha fomentado legislativamente en España en los últimos veinte años, hubiera funcionado mejor que obligarlas a alquilar.