Mentiras como única arma política
Cuando la acumulación de mentiras supera cierto nivel el grado de desequilibrio, personal y político, avanza un nuevo paso. Estos últimos meses, semanas y días, el todavía Presidente Pedro Sánchez se ha instalado en el cinismo, estado mental que normalmente requiere la atención de la psiquiatría. Las cuestiones en las que se ha producido este fenómeno han sido varias : desde las pensiones al accidente ferroviario de Adamuz, la vivienda, la sanidad pública y la inmigración. El Gobierno mintió al incluir la subida anual de las pensiones en un “revoltijo” apodado Decreto Ómnibus, que mezclaba ese propósito con otras cuestiones ajenas, incluso opuestas a una política coherente sobre pensiones, como la protección de “okupas” de viviendas o unas subvenciones que, al incrementar el gasto público de forma innecesaria, ponen en peligro la sostenibilidad del sistema. Es el caso del llamado abono transporte, que sólo beneficiará a una minoría. La siguiente mentira fue acusar al Partido Popular de no querer favorecer a los pensionistas, papelón que fue desempeñado por el Ministro de Presidencia y Justicia, Félix Bolaños, recalcitrante experto en hacer el ridículo. Bolaños sabía perfectamente que tanto el PP como Vox y Junts apoyan la subida de las pensiones, siempre que no se mezclen con iniciativas de corte sanchista. El Ministro era plenamente consciente de que mentía cuando intervino en el Congreso de los Diputados para descalificar al PP. En el sentido verdadero de las cosas, el descalificado ha sido Bolaños, al actuar de mamporrero de Sánchez para apoyar su permanencia en el poder. El Presidente le superó, al grabar esa misma mentira contra el Partido Popular dos horas antes de que el Decreto Ley “Ómnibus” se votara en el Congreso. El PSOE sabía que iba a perder la votación. ¿Qué sentido tenía entonces mantener la propuesta? Únicamente intentar descalificar al PP. Un mero ejercicio de propaganda sólo destinado a ciudadanos políticamente sin neuronas o con la única neurona de ser socialista. No es sólo mentir, sino un ejercicio de cinismo, que el Gobierno ha extendido a las repercusiones del accidente ferroviario de Adamuz. El Ministro de Transportes, Óscar Puente, no ha parado de mentir en un continuado ejercicio de negación de la evidencia. Puente no ha dicho una sola verdad, ni sobre el estado de la vía, ni sobre la reacción al incidente. Lo último, de connotaciones demenciales, ha sido afirmar que los organismos que dependen de su Ministerio, Renfe y Adif, supieron desde el primer momento que habían chocado dos trenes, cuando centenares de testimonios demuestran que pasó más de media hora hasta que los distintos servicios se enteraron de que había un segundo tren siniestrado, gracias a la iniciativa de viajeros que recorrieron las vías de noche, y la asistencia a las víctimas sólo se produjo después de hora y media. Puente se atrevió a decir en el Senado que no podía haber actuado mejor, cuando hace ya dos semanas que tenía que haber dimitido, por incompetente.