Georgia Meloni y su decisiva política
Nos repitieron hasta la saciedad que con la llegada al poder de Giorgia Meloni en el otoño de 2022, Italia retornaría a los tiempos más oscuros. Los telediarios, los boletines de la prensa radiofónica y las cabeceras de los ya casi antediluvianos diarios de papel la calificaron una y otra vez de neofascista y de heredera de Mussolini. Quien se hubiese informado únicamente a través de la prensa oficial hubiera llegado a la conclusión de que los italianos se habían equivocado. Sin embargo, a día de hoy, la realidad vuelve a ser muy distinta de la narrativa publicada. El Gobierno de Meloni va camino de convertirse en el de mayor duración de la historia reciente de Italia. Además, puede afirmarse que se ha consolidado como la gran referente europea. Efectivamente, se puede afirmar que es la líder más relevante de la Unión Europea, y ha eclipsado a la insustancial y controvertida “reina Úrsula von der Leyen”. De hecho, ahora parece que Von der Leyen busca, casi desesperadamente, fotografiarse junto a la dirigente italiana. La presencia de su figura menuda, y de sus expresivos gestos faciales, se ha convertido en algo habitual en los foros más relevantes de la geopolítica mundial. Sus decisiones y actuaciones, inicialmente denostadas e incluso judicializadas, están siendo progresivamente asumidas por el conjunto de la Unión Europea. La posición comunitaria respecto a materias tan relevantes como la no confiscación de activos rusos, las fórmulas para alcanzar un modelo migratorio más socialmente asumible, o la flexibilización normativa para el sector del automóvil, han estado decisivamente influidas por la Roma de Meloni. Sus iniciativas se han consolidado como la opción compartida por todos, mal que les pese a los sectores más radicales. En el ámbito nacional, sus éxitos económicos y sociales, aunque puedan calificarse de moderados, resultan de enorme importancia para un país que lleva lustros sin terminar de encontrar su rumbo. El control del déficit, la creación de empleo y la estabilidad de los mercados que su Gobierno está logrando, está induciendo a muchos de sus compatriotas a la recuperación de la confianza en sí mismos y en sus instituciones.