Homenaje a Margarita García-Galán
Queridos amigos de la palabra, amantes de los libros y, en estos tiempos, del milagro cotidiano de la lectura:
Hoy la Feria del Libro de Vélez-Málaga nos reúne aquí, en ese mágico territorio donde las páginas de los libros respiran, las voces del alma se encuentran, y los sueños de los humanos sensibles, por un instante, parecen ponerse al alcance de la mano.
Nos reúne, con alegría, el deseo de rendir un justísimo homenaje a una escritora cuya obra ha sabido abrir caminos de pensamiento, belleza y emoción. Una autora que, pilotando la alfombra mágica de su pluma, nos transporta, embelesados, hasta luminosos espacios de sueños, en estos tiempos confusos, donde lo más aspirado es la esperanza.
Homenajear a una autora no creo que sea enumerar sus méritos, aunque los tenga sobrados. No es repasar títulos, fechas, publicaciones y reconocimientos, aunque también ellos hablen de una trayectoria fecunda.
Homenajear a una escritora, como la que hoy nos convoca, es intentar acercarnos, con respeto y gratitud, a una forma singular de mirar el mundo.
Porque hay personas que escriben, sí, pero hay personas que, además, nos enseñan a mirar de nuevo. Ella pertenece a esa escasa estirpe que lo hace, con una mirada en color, con sonidos al tiempo, y bajo la sombra del ancestral fruto axárquico de una higuera.
Autora de tres libros –y de una infinidad de artículos de opinión y reflexión– ha construido su obra apoyada en la lucidez, la sensibilidad y una manifiesta elegancia expresiva. En sus textos no hay palabra puesta al azar. (De ello sabe mucho, y bien, su marido Juan Luis, mi mejor amigo desde la niñez). Cada frase que escribe parece haber sido pensada, respirada y pulida hasta alcanzar esa música interior que solo poseen las voces verdaderamente maduras.
Sus expresiones son exquisitas, no por adorno, sino por precisión; no por artificio, sino por necesidad. En ellas la belleza no distrae del pensamiento, sino que lo ilumina.
Quienes la hemos leído desde siempre, sabemos que sus ideas tienen la virtud de sorprendernos y emocionarnos. A veces avanzan con la serenidad de quien ha meditado largamente; otras, irrumpen con un giro inesperado, con uno de esos quiebros expresivos tan bellos que nos obligan a detener la lectura y volver atrás, como quien regresa a contemplar un paisaje que acaba de descubrir. En sus páginas, la reflexión nunca es fría, y la emoción nunca es superficial. Pensamiento y sensibilidad caminan juntos, como dos ríos que se reconocen en una misma corriente.
Su grandeza se percibe en la hondura de sus juicios, en la delicadeza con que aborda los matices, en esa capacidad, poco común, de decir mucho sin levantar la voz. Hay en su escritura una autoridad serena, la de quien no necesita imponerse, porque convence; de quien no busca deslumbrar –aunque deslumbra–; la de quien no escribe para ocupar un lugar, sino para abrirlo.
En tiempos de prisa, su obra nos invita a la pausa. En tiempos de ruido, nos devuelve el valor de la palabra escogida. En tiempos en que tantas veces se confunde la opinión con el pensamiento, ella nos recuerda que reflexionar es un acto de responsabilidad, de valentía y, también, de belleza. Sus artículos, numerosos y siempre luminosos, han sido ventanas abiertas a preguntas esenciales: sobre la vida, la memoria, la cultura, el paso del tiempo, la condición humana... y esa íntima arquitectura de sentimientos que sostiene lo que somos.
Sus tres libros publicados, hasta el presente, constituyen, cada uno, a su manera, estaciones de un viaje literario marcado por la autenticidad. En ellos se reconoce una voz firme y delicada, capaz de convertir la experiencia en pensamiento y el pensamiento en emoción compartida. Leerla es entrar en conversación con una inteligencia generosa, con una sensibilidad alerta, con una mentalidad que no se conforma con nombrar la realidad, sino que la interroga, la ensancha y, a veces, la transfigura.
Por eso este HOMENAJE no es solamente un gesto de admiración. Es, también, una forma de agradecimiento. Gracias por tus palabras que nos han acompañado. Gracias por tus ideas que nos han inquietado. Gracias por las imágenes que nos dejas viviendo en la memoria. Gracias por recordarnos que la literatura no es un lujo, sino una necesidad profunda del espíritu humano; una casa donde podemos reconocernos, perdernos y encontrarnos de nuevo.
Hoy, en esta Feria del Libro de 2026, celebramos tu obra, tu trayectoria y tu manera irrepetible de estar en la literatura. Celebramos a una escritora de larga experiencia y voz propia, una autora que ha sabido convertir la reflexión en arte y la palabra en lugar de encuentro.
Lo tuyo es una literatura hecha de inteligencia, emoción y belleza; una conversación que, estamos seguros, seguirá creciendo con nuevos libros, nuevas ideas y nuevas formas de asombro. Te admiro y te quiero mucho.
Querida amiga –para mí: "escritora predilecta"– hoy te ofrecemos nuestro homenaje más sincero. Que esta tarde sea, también, una página más de esa hermosa conversación luminosa que mantienes con tus lectores.
Gracias, por escribir como escribes y por ser como eres.