Asterión y el laberinto cultural: poesía, creación y la urgencia de mirar el arte con atención
El próximo 5 de febrero, en la Sede La Coracha del Museo de Arte Contemporáneo MUCAC Málaga, participaré en el ciclo «La ciudad velada», organizado por la Fundación Rafael Pérez Estrada. Me acompañarán la psicóloga y escritora Mariló Moga, y la periodista Soledad Mena. Juntas abordaremos la temática de nuestros últimos libros: «Mi alma y tú, Minotauro» (Loto Azul) y «No me sueltes» (Maravillas), usando la literatura y la poesía como herramienta de exploración del ser humano, sus pasiones y sus laberintos interiores.
Hemos elegido al Minotauro como símbolo central de la charla. No se trata únicamente de la criatura mítica, sino de su versión más cercana al Asterión de Borges, en La Casa de Asterión, donde la bestia no es un monstruo desalmado, sino un ser que encarna la soledad, la intensidad y la búsqueda de redención. La poesía nos permite simular esa mente atrapada en el laberinto: mediante ritmos repetitivos, duros y rumiativos, el lector percibe el poso de dolor y la luz intermitente de lucidez que atraviesa cada verso. La palabra se convierte en testigo y, al mismo tiempo, en cordel de Ariadna, guiándonos a salir de nuestras propias prisiones interiores.
Este enfoque nos lleva a preguntarnos: ¿por qué escribimos y qué esperamos del arte? La poesía, más que narrar, invita a habitar la conciencia de lo que sentimos. Permite que el dolor, la rabia, la pasión y la fragilidad se combinen, y nos deja encontrar, entre versos, pequeñas epifanías que nos enseñan a mirar nuestra propia humanidad. En este sentido, el poemario se convierte en un victimario, un espejo que refleja lo más primitivo de nuestra existencia, pero también un espacio donde respirar y comprender nuestro encierro.
En nuestras conversaciones preparatorias, surgió otra reflexión inevitable: la situación de la cultura en Málaga hoy. Vivimos lo que podríamos llamar un estrés cultural. La proliferación de eventos literarios, talleres, presentaciones y experiencias ha alcanzado un punto de saturación. Muchos espacios han dejado de ofrecer sus instalaciones porque el público se dispersa, y numerosos autores quedan fuera del panorama activo. La literatura, lejos de ser refugio y experiencia transformadora, a veces se convierte en producto de consumo rápido, espectáculo o marketing, orientada al impacto o al «efecto wow» más que a la introspección y la creación profunda.
El ritmo de producción y consumo de arte se ha vuelto inhumano. La idea clásica del capitalismo —oferta y demanda equilibrada— se ha invertido: ahora la velocidad se adhiere a todo producto cultural, y la participación se percibe como obligación más que como disfrute o aprendizaje. La democratización del acceso al arte, si bien positiva, no ha previsto que crear y consumir cultura son actos diferentes, con responsabilidades distintas. La escritura se ha convertido, en muchos casos, en terapia o performance, perdiendo parte de su potencia transformadora.
Por eso creemos que es urgente reflexionar sobre cómo hacemos y consumimos arte. Crear no es solo producir, ni leer es solo consumir: es compromiso, atención y amor hacia la obra y hacia uno mismo. El arte nos educa, nos sostiene y nos interpela; nos muestra lo que a veces no queremos mirar y nos enseña a habitar nuestras propias soledades y pasiones sin caer en el caos.
La intervención en el MUCAC no será solo una presentación de libros. Será un espacio para detenernos, pensar y sentir. Para mirar al Minotauro de frente y reconocer en él nuestras propias sombras y luces. Para dialogar sobre cómo habitar el laberinto interior y cómo acercarnos a la cultura con responsabilidad y atención. Porque el arte no es solo espectáculo, ni la literatura solo palabras en un papel: es experiencia, reflexión y, sobre todo, refugio del alma en tiempos de saturación.