04:28h. Miércoles, 14 de Noviembre de 2018

Olvidé mi mantra

Columna de Segismundo Palma

Se llama Plan Skolae, creciendo en igualdad. Y es el nuevo plan coeducador del ejecutivo nacionalista de Navarra. Un plan de ingeniería social explícito para imponer la ideología de género en una hoja de ruta programada por tramos de edad, desde los cero años, hasta los veintiuno. Si el colesterol nos genera poca broma, a mí esto me pone tierno. Sería facilón poner en el punto de mira de mi disparo a Uxue Barkos, la presidenta nacionalista. No. Esto va mucho más allá. El disparo debe mirar al horizonte, como hacen ellos (o debería decir ellas, o ell@s, o elles) El disparo debe apuntar a los nuevos mantras que la posmodernidad nos quiere colar como excusas para imponer su ideología de género: la igualdad, la violencia de género... ¿cómo no vamos a estar de acuerdo en fomentar la primera y en intentar erradicar la segunda? Como utopías, como acicate para evolucionar y progresar. Pero la tábula rasa, alquimista, de la ideología de género, busca la igualdad de resultados, no de oportunidades, en un caso; y la violencia de género inexistente, lo cuál es imposible, porque desde que Caín mató a Abel, el ser humano asesinará de una u otra forma, por uno u otro motivo, a seres de su especie, de su sexo o no. Y esto no se corrige en ningún aula. Mientras haya una sola víctima, es la excusa perfecta para desarrollar el control mediante la educación y el secuestro físico e intelectual de nuestros hijos, cautivos en un centro que debería ser sólo escolar. La excusa: la violencia de género. La misión: diseñar y producir activistas para el futuro. Y no lo ocultan. Está bien descrito en dicho plan. Nos quejamos de ataques preventivos de potencias imperiales ante supuestas amenazas terroristas. Nos envolvemos en llamas ante cualquier ápice de sospecha de deterioro de libertad individual por intentos de combate policial ante delincuencia organizada. Porque somos lo primero. Pero la excusa de la utilización de los nuevos mantras de igualdad y violencia de género, nos valen para anular la autonomía crítica de nuestros hijos y entregarlos a siniestros planes de pesadilla orwelliana. Interpretaciones paranoicas de la realidad en la que se insiste que la mujer no es, ni siquiera, ciudadana de pleno derecho en nuestra sociedad. ¿Qué hace Uxue Barkos de presidenta del Reino de Navarra entonces? ¿Será un androide y no nos hemos enterado? Es un plan concebido desde el determinismo ideológico del feminismo más psicótico: la mujer es un objeto de deseo y servicio. Y esto hay que cambiarlo, claro. ¿Cómo? Construyendo nuevas identidades. ¿Ayudando a nuestros jóvenes a interpretar la realidad por sí mismos? No, joder, no se vayan a equivocar. Mejor la interpretamos por ellos y le decimos lo que tienen que pensar desde bien pequeños. Y que los nuevos mantras sean inoculados, como le gusta al totalitarismo, desde planes controlados por el Estado. ¿Para qué dejarlo en manos de la familia, si esta ya está corrompida por la herencia social y la puta televisión? Mejor lo controlamos nosotros desde el colegio. Y a fabricar clones, que de eso se trata. De camisa parda antes, y ahora con banderas multicolores superdivers. Aniquilemos nuestra cultura tal y como la conocemos, porque es nociva. Tanto, que me permite elaborar un plan de ingeniería social sin tapujos y que, prácticamente, nadie se escandalice. Claro, están demasiado entretenidos viendo perder al Real Madrid y atentos a si han expulsado o no a Marta de Operación Triunfo. Fomentemos la diversidad, otro gran mantra, cualquier tipo de diversidad, menos la diversidad de ideas. Y es que esta cultura represora en la que vivimos nos permite hacer todo esto. ¿Qué pasaría en Yemen, o en cualquier sociedad islamista que aspiran a igualar con nuestra cultura, si Barkos pretendiera implantar este plan de reconstrucción identitaria? La matarían a pedradas. Y no es una hipérbole. La cultura, la religión, nuestra raza, nuestra clase social, ya no son variables para la construcción única de nuestra identidad para esta teoría de género absoluta. Ya no quieren identidades. Quieren UNA identidad, GRANDE y LIBRE. ¿Os suena? ¡PUM!