11:27h. Sábado, 22 de Septiembre de 2018

Las caras y los caras

Columna de Salvador Gutiérrez

El dibujante y caricaturista Ángel Idígoras ha declarado recientemente que nuestros políticos actuales tienen las caras muy sosas y que, por tanto, resulta más complicado sacarles partido en una caricatura. Nuestros políticos son tan guapos, tan monos de cara, con rostros tan armónicos que ya, ni siquiera, podemos reírnos de ellos a través de una caricatura. Atrás quedaron las grotescas narices que le dibujaban a Felipe González, las gafotas y la cara picuda de Alfonso Guerra, el bigote desorbitado de Aznar, los ademanes ladinos y la sonrisa maliciosa de Rubalcaba o la mandíbula extraña y bobalicona de Rajoy. Ahora nuestros políticos se han americanizado y pasado por el tamiz de Hollywood. Ahora se llevan las caras proporcionadas y cuasi perfectas de los actores: caras a lo Reagan. Ahora en España se buscan rostros que recuerden a los Nixon, los Ken­nedy, los Clinton o los Bush pa­dres; caras cuadradas y simétricas. El último político que ha desembarcado en el panorama de las caras cuadradas ha sido Pablo Casado, el prototipo del hombre con la cara proporcionada y simétrica. Pero a él se le unen también el Superman de Pedro Sánchez o la belleza y suavidad marmórea de Ri­ve­ra. El más proclive a la caricatura -porque se sale de esa normalidad de película- es Pablo Iglesias. ¿Tendrá algo que hacer, podrá competir con los modelos de impecables rostros de los otros líderes? 

Lo cierto es que parece que la gente se cree el dicho de que la cara es el espejo del alma. Y está más que estudiado científicamente que la simetría de un rostro vende y atrae más que las caras asimétricas. De la misma manera que está comprobado que las personas altas o con pelo tienen más posibilidad de triunfar y tener éxito en sus profesiones.

Estados Unidos ha traído a la democracia la figura del líder como producto. El líder carismático no lo es por su interior, sino por su exterior. La forma sobre el contenido (éste ya lo irán creando los jefes de gabinete, los directores de comunicación y los estrategas políticos). El líder es un simple actor (con cara cuadrada y simétrica) que interpreta el guion que otros le escriben. Nada más.

En Estados Unidos, Rajoy, -un hombre con barba y, además blanca, con gafas y con aspecto envejecido- jamás hubiera sido presidente. Y no digamos nada de Pujol o de Chaves que ni siquiera hubieran sido delegados de su clases de parvulitos.

Las inclinaciones de nuestro inconsciente reafirman a diario la importancia de una buena imagen. Rechazamos, sin apenas darnos cuenta, lo asimétrico, lo feo, lo viejo. La cuestión es saber si nuestro inconsciente tiene tanta fuerza en las cuestiones políticas. Por la abundancia de jóvenes y guapos líderes en la política actual española, habría que deducir que sí, que antes que por la gestión, la ideología o la honradez, para votar a un líder, nos vamos a guiar más por razones ocultas y nada racionales. Quizá a partir de ahora un buen político debiera formase en una agencia de modelos y no en la Universidad.

Personalmente, pienso que en política deben estar las caras guapas y las feas, las simétricas y las asimétricas, las cuadradas y las triangulares. Con tal de que no estén los caras, todo lo demás vale.