21:06h. Miércoles, 12 de Diciembre de 2018

Ideas y botijos para el verano

Columna de Salvador Gutiérrez

Todos los veranos me asalta la sensación de que tras la calma llegará la tempestad. Repaso los periódicos y sólo percibo tragedias postergadas hasta septiembre.

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Últimamente, mucho gesto político. Y poca política real. Eso en España; en el municipio de Vélez-Málaga, ni siquiera gestos.

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Pero, incluso, si hubiera política de verdad, seguiría creyendo en las palabras de Zygmunt Bauman: “Ahora la política es local y el poder es global”.

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La tibieza no es buena en ningún aspecto de la vida. Y creo que tampoco en el terreno intelectual. Pero, en política, prefiero a los tibios antes que a los convencidos. Puede que un tibio jamás haga nada por transformar el mundo, pero a la hora de los cambios irreflexivos e impetuosos, un convencido puede hacer más daño que un tibio.

¿Recuerda el convencido sus convencimientos de hace veinte años…?

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Quizá, sólo, haya que desterrar la tibieza del mar indefinido y misterioso de la ética.

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A diferencia de otras épocas de la humanidad, creo que el presente ha traído una diferencia: ser es ser de tu tiempo. Es decir, ahora, más que nunca, ser, estar, realizarse en sociedad, participar de ella y, por tanto, estar integrado en la misma y, en última instancia, existir, es ser de tu tiempo.

Chesterton dijo aquello de “me he hecho católico para enfrentarme a la degradante condición de ser de tu tiempo”. Dudo que Chesterton pudiera hoy escapar de la dictadura del ser de tu tiempo, ni siquiera tomando los hábitos de una orden monástica.

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Los botijos son como domésticas esculturas de Botero. Ya no quedan botijos en las casas digitales. La docilidad y la inocencia del barro amable de los botijos han desaparecido de los hogares españoles. En los veranos ya no nos acompaña su fresca carnalidad -los botijos también tenían algo de las gordas de Rubens-. Los veranos son más artificiales sin un buen y voluptuoso botijo que llevarse a las manos. En la infancia, beber agua de un botijo era como estamparse contra los pechos abundantes de la felliniana estanquera de Amarcord.
Voy a salir a comprarme un botijo. Y lo pondré al lado de mi ordenador. Seguro que esa unión creará un armónico y completo bodegón. ¿Qué nos impide vivir/beber con internet y con un botijo a nuestro lado?