03:07h. Martes, 23 de Octubre de 2018

Picasso en la Guerra Civil

Artículo de Ramón Pérez

Al parecer, fue el crítico Luis Gasca quien atribuyó a Picasso la frase (probablemente falsa) donde el pintor malagueño confesaba su arrepentimiento por no haber cultivado jamás la historieta. Sea cierta o no, fue la piedra angular sobre la que Daniel Torres edificó su última obra: Picasso en la Guerra Civil, un am­bi­cioso tebeo que combina realidad, biografía y ficción.

La historia arranca en 1953. El historietista Francisco Torres se dirige en moto a la localidad francesa de Maugins para entrevistarse con un cliente misterioso. Torres es di­bujante de tebeos, que firma con el seudónimo de Marcel. Pe­ro también es un exilado español afincado en Burdeos. En su triple condición de exilado, emigrante económico y dibujante de historieta, Torres representa a una estirpe de historietistas errantes que tuvo entre sus exponentes más destacados al veterano dibujante José Cabrero Arnal (combatiente republicano, superviviente de Mauthausen y padre de los célebres personajes Pif et Her­cule) y al más joven Francisco Hi­dalgo (padre gráfico de la serie Doctor Niebla, que emigró a Francia en 1954, donde firmó sus trabajos con el apodo de Yves Roy). Torres llega a Maugins y descubre con asombro que su misterioso empleador es Pablo Picasso. Pero el asombro se convierte en pasmo cuando se percata de la naturaleza del encargo que el célebre pintor quiere encomendarle: una biografía ficticia en forma de cómic donde el pintor malagueño figure como protagonista y se involucre directamente en la Guerra Civil. El propósito de esta crónica inventada es superar una de esas frustraciones íntimas con que cargamos casi todos los seres humanos: la de ver cumplido un anhelo que jamás sucedió. “¡Quiero tener veinticinco años! ¡Y quiero empuñar un fusil para pegarle un tiro a Franco!”, exclama Picasso en una viñeta que es toda una declaración de intenciones. Así, la relación del inmortal malagueño y Torres en la creación de esta biografía bélica acaba ocupando una extensión considerable en la Guerra Civil.

Esta biografía inventada, parte ucronía, parte nostalgia cristalizada, se enmarcaa la perfección en la historia de amistadque va surgiendo poco a poco entre ambos protagonistas. Igualmente, Torres, el autor, confiere a esta novela gráfica una gran profundidad mediante el recurso de introducir una historia dentro de otra que le sirve de marco narrativo y con la que forma un complejo entramado de relatos que reverberan unos en otros conmoviendo hondamente la estructura de la obra y, de paso, la sensibilidad del lector.

Daniel Torres, el autor, es un maestro de la historieta que irrumpió en el mundo del cómic a finales de los 70 y principios de los 80. Se curtió como historietista en las revistas El Víbora y Cairo, donde destacaba por su ironía y por el cultivo de géneros tan populares como la serie negra o la ciencia ficción. Entre sus primeros personajes sobresalieron Claudio Cueco y Opium. En 1983 creó al aventurero espacial Rocco Vargas, protagonista de un ciclo narrativo que cuenta hasta la fecha con nueve entregas, entre las que destacan La estrella lejana (1986) y Júpiter (que es la más reciente y se publicó en 2017). Autor versátil, ha cultivado multitud de temáticas y ensayado diversos formatos. Abordó el cuento en la soberbia El octavo día (1992-1996), la novela gráfica en Burbujas (2009), la historieta infantil con Tom, el dinosaurio (adaptado al dibujo animado), la ciencia ficción con Rocco Vargas, los superhéroes (con Alan Moore en TheSpirit y con Matt Wagner en Sandman Mistery Theatre, nada menos) y el improbable género del ensayo arquitectónico con La Casa.