14:47h. Lunes, 16 de Julio de 2018

San Juan Bautista

Artículo de Francisco Montoro

El próximo domingo 24, día de San Juan, se reabrirá al culto el templo de San Juan Bautista, el más importante de la ciudad. Con tal motivo se nos ocurre traer hoy a colación una visión resumida de la historia de este templo.

San Juan Bautista fue una de las tres iglesias parroquiales que los Reyes Católicos dejaron en esta ciudad. Al principio fue muy pequeña, siendo man­­dada ensanchar por real cédula de 6 de mayo de 1499, llevándose a cabo las obras doce años más tarde.

Siendo obispo de Málaga don Fray Bernardo Manríquez, allá  por los años de 1541 a 1564, se volvió a ensanchar, construyéndose el templo y la torre que al presente tiene. En 1649, el ilustre hijo de Vélez, Fray Alonso de Santo Tomás, entonces obispo de Málaga, mandó labrar a su costa una maravillosa capilla bautismal, que desapareció en la gran reforma que se efectuara en 1853.
Sus puertas de calle se hicieron por or­den del entonces obispo de Málaga, don José Molina y Navarro, en octubre de 1781, y allá por el año de 1828 se construyeron las portadas que subsisten, a costa del veleño, y arzobispo de Santiago de Compostela, Fray Rafael de Vélez.

En el año 1789, y costeada por el obispo don Manuel Ferrer y Figueredo, se construyó una elegante sacristía, de orden corintio, adornada lujosamente con cajonerías de maderas escogidas, espejos y pinturas y en la que se colocaron tres valiosas esculturas del célebre Mena (un crucifijo, un San José y una Santa Bárbara) que no se conservan en la actualidad. La obra de la sacristía se atribuye a Martín de Aldehuela, y es idéntica a la de San Felipe Neri de Málaga, y su decoración, coincidente con la que este autor ejecuta en Cuenca.

El 30 de junio de 1792 se colocó un artístico tabernáculo en el comulgatorio o altar mayor que fue la única zona que se conservó en la gran reforma de 1853. Dicho tabernáculo fue reedificado en 1830 por el gran tallista veleño don Antonio de la Jara.

Mediando el siglo XIX, siendo vicario don Diego de la Chica y Muñoz, en 1853, se efectuó una profunda reforma que duró siete años y que fue costeada, en parte, por el gobierno, y en parte con donativos de particulares. Era entonces ministro de Gracia y Justicia el ilustre veleño don Federico Esteban Vahey Alba, que consiguió, en tres ocasiones, 100.000 pesetas para dicho fin.

Dichas obras cambiaron radicalmente el aspecto de su interior, que dejó de ser mudéjar-gótico para adecuarse al gusto de la época. Es como si se construyera una iglesia dentro de otra iglesia. Hacia el exterior se mantiene la antigua, en el interior se encuentra la nueva. Se transformaron los arcos ojivales en otros de medio punto, las bóvedas de ladrillo taparon el artesonado de madera y las paredes fueron enyesadas, dándole al conjunto un aspecto neoclásico simplificado, entonces de moda. Entre el techo actual y el primitivo existe una cámara que puede ser observada aún en la actualidad, y donde se contemplan, tanto la altura primitiva, como los arcos apuntados.

Asímismo se modificaron los altares del templo y su decoración. El historiador local don Agustín Moreno, contemporáneo de la obra, nos detalla cómo diez de los doce altares levantados fueron costeados por particulares.

Acabadas las obras se bendijo la iglesia de nuevo, el 2 de febrero de 1860, por el obispo de Málaga don Juan Nepomuceno Cascallana, celebrándose el hecho con grandes y solemnes funciones religiosas.
Sus tres naves tienen una longitud de 48,5 por 10,5 metros de anchura, la central, y 9 metros las laterales. Antes de la reforma, la altura hasta el arranque de la armadura era de 14 metros.
La guerra civil de 1936-1939 destruyó sus buenos retablos y magníficas imágenes, algunas, como hemos dicho, de Pedro de Mena, así como su órgano y su valiosa sillería.
Tras la guerra se trajo hasta este templo el retablo de Santa María, devuelto a su emplazamiento definitivo en los años ochenta, pintándose en su lugar un extraordinario mural, obra del pintor Francisco Hernández, que representa a un Jesucristo triunfante, sobre el mundo, rodeado por los cuatro evangelistas.
Hoy San Juan, tras las obras recientes, vuelve a brillar en todo su esplendor. El próximo domingo inicia su renovada andadura.